Eixida 123, 25 d'abril de 2015: El Barranc de l'Infern

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Crónica de la salida nº 123 del Col·lectiu Ullal: Barranc de l’Infern
Sábado 25 de abril de 2015. Organizada por  Paco Montagud y Juanvi Ferrús.
Crónica: Carmen Andreu

A pesar del descorazonador pronóstico  del tiempo  que amenazaba presencia de nubes y algo de lluvia, los componentes del Col·lectiu  Ullal acudimos al punto de reunión, a las 7:30 de la mañana desde donde partiríamos en varios coches con dirección al Barranc de l’Infern, situado entre las poblaciones de la Vall d'Ebo y la Vall de Laguar, en la Marina Alta. Este barranco es bien conocido por todos los aficionados al senderismo; de ahí que se le conozca también como “la catedral del senderismo”, pues es un lugar de gran interés para los amantes de largas caminatas al aire libre.
La llegada a Fleix, punto de arranque de la excursión, se produjo sin incidencias, salvo que el acostumbrado café con el que los senderistas suelen cargar las pilas hubo de suspenderse, puesto que el bar del pueblo, “L’Anoer”, todavía estaba cerrado al público; de manera que a regañadientes, más de uno se vio obligado a emprender la marcha sin  el ansiado “cafenet de bon matí”.
Concienciados de que la jornada sería de “chúpate domine”, el grupo, al completo, se dirigió hacia el punto de inicio del sendero, el lavadero de Fleix, marcado como PR- 147 en el País Valencià y popularmente conocido por “camí dels 6000 esglaons”. Nos quedamos con la duda de si realmente esa cifra es real o exagerada, pues, aunque al principio  Juanvi Ferrús albergó la ilusión de contarlos uno por uno, pronto desistió de su plan contable y optó por comentar  la abrigada indumentaria del estimado Presidente del Colectivo, Francesc Buïgues, al que trató de convencer para que aligerara las múltiples capas de ropa que llevaba a causa de un fuerte constipado.
El recorrido comenzó con una pronunciada bajada que nos hizo intuir que, como todo lo que sube tiene que bajar más tarde o más pronto, la jornada no iba a ser de “coser y cantar”, aunque el empedrado de esta antigua vía de comunicación estuviera bastante bien conservado.
Una vez atravesado el barranco, iniciamos el ascenso hacia Les juvees del poble d’enmig. Fue en este tramo donde empezamos a descubrir  a qué nos enfrentábamos y eso que las altas temperaturas aún no habían hecho acto de presencia.
Alrededor de las 10:30, finalizado ya el primer ascenso, democráticamente acordamos hacer un alto en el camino para reponer fuerzas a la sombra de unos árboles. Este descanso se convierte siempre en el momento más animado y estimulante del día, pues además de  intercambiar impresiones, se comparte con el resto el avituallamiento que cada uno lleva en su mochila: vino, olivas, frutos secos, chocolates, coca, café y bebidas espirituosas, tal y como exigen las costumbres por las que se rige el grupo ¡Espíritu comunitario ante todo!
El siguiente tramo se dirigía hacia la Llometa de les Colmenetes, también acompañadas de otro descenso y ascenso inolvidables. En esta etapa, Voro hizo gala de su personal gracia y animó la marcha con numerosos chistes que nos hicieron olvidar momentáneamente la dureza del camino. Cabe recordar el “del atracador y su gatillo”, con el cual obtuvo  mucho éxito entre el público, salvo para Pau, que parecía no entender muy bien de qué iba el asunto. No obstante, éste pudo volver a su casa con la historia entendida gracias a que, por petición popular, Voro volvió a contar el mismo chiste tras terminar la comida en el restaurante.
El segundo y breve descanso se produjo en una fuente de agua fresca que salvó a más de uno de una posible deshidratación y, a pesar de las advertencias del doctor del grupo sobre la falta de potabilización del manantial, más de uno llenó su botella con aquel líquido elemento a sabiendas de que sus tripas corrían grave peligro.
Fue también en este alto del camino cuando Pepa Ferrús, en funciones de zapatera hacendosa,  parcheó ingeniosamente con esparadrapo la bota rota de su  querida amiga Cristina, lo que le permitió a ésta continuar la marcha sin necesidad de ir a la pata coja el resto del trayecto.

La siguiente etapa se desarrolló por la Mallada de les Palmeres y Les juvees de dalt. ¡Madre mía, y tan “dalt” que estaban para más de uno que  por poco llegó sin sentir las piernas como Rambo! Y como, en un grupo bien avenido  como este, la solidaridad obliga por honor, los más adelantados optaron por esperar a los más rezagados y casi extenuados caminantes ullaleros, de manera que, casi como una ola que espontáneamente se promueve en un campo de fútbol, así fueron recibidos aquellos exangües paseantes a su llegada a la cima. Solo les faltó dar la vuelta al ruedo, pero en su estado físico, como era tarea bastante penosa de realizar, ni se lo plantearon.
Y ahora sí, ya con “Lorenzo” como fiel compañero de penurias, se inició la última etapa del recorrido, camino de Benimaurell, no sin antes, los organizadores del grupo  hacer gala de su  gran capacidad de convencimiento al hacernos creer que lo peor ya estaba superado. Tal vez la euforia generada con la ansiada noticia hizo pensar a unos cuantos que las provisiones de agua restantes serían más que suficientes para abordar el tramo del camino que faltaba recorrer y brindaron animadamente por la hazaña casi culminada. Fatal error que a punto estuvo de costarle una deshidratación a alguno.

El ascenso y descenso finales fueron penosos, salvo para Tolet que, conocedor de lo que se avecinaba, había traído consigo una jugosa naranja que, en el momento crítico, desmenuzó en gajos con su afilada navaja.  Santi Ferrús tuvo el honor de compartir una de las porciones con él, mientras otros, más confiados en sus condiciones físicas, se entretenían en apilar cantos rodados del camino a modo de montaña zen como muestra de su paso por el lugar.
Finalmente, tras grandes esfuerzos y muestras de resistencia física por parte de los componentes del grupo en general, unos cuantos llegamos a Benimaurell  siguiendo el rastro de piedrecitas que los más adelantados habían dejado en el sendero. A partir de este punto surgió el caos. Unos llegaron a Fleix en coche porque fueron recogidos por una avanzadilla de conductores, mientras otros, cuatro mujeres cuyas identidades dejaremos en el anonimato, llegaron, in extremis, casi por su propio pie al restaurante l’Anoer, donde tendría lugar el festín compuesto de apetitosos aperitivos y dos espléndidas paellas montañesas.
Las entrañables palabras de Francesc Buïgues como actual Presidente del Col·lectiu  pusieron broche final a una salida inolvidable que sirvió de celebración del décimo séptimo aniversario de la fundación del Col·lectiu Ullal de Sollana.  
Eran más de las 6 de la tarde cuando se acordó regresar a Sollana, no sin antes recordarnos Juanvi Ferrús los planes para la próxima salida en el mes de mayo.
Por mi parte debo añadir que, una vez más, llegó a su término una jornada emocionante en la que el buen humor y el compañerismo  han sido las señas de identidad de un grupo  variopinto de personas que acogen sin reservas a todo aquel que comparte con ellos  un sincero amor por la Naturaleza y la cultura valenciana. Gracias, amigos, por permitirme ser una más de vosotros sin reservas ni condiciones.

Carmen Andreu

ÀLBUM DE FOTOS

2 comentarios:

Judi Online dijo...
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Ilmu Judi dijo...
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